La mayoría de los poblados de la 2ª Edad del Hierro (550-500 a. C. – cambio de era) de la provincia de Segovia se situaron en lugares de fácil defensa y muy cercanos a algún río caudaloso. Pues bien, en “los Sampedros” de San Miguel de Bernuy se estableció uno de esos grupos prerromanos, que además se armó con muros defensivos, complementados también con fosos. El emplazamiento debió seguir ocupado durante la época romana, a tenor de lo que apunta una estela funeraria que hoy guarda el Museo de Segovia (“A Aca Deocena, de los Corónicos, hija de Cadano”, se lee en ella, según traducción de Juan Santos Yanguas y Ángel Luis Hoces de la Guardia).
Posiblemente con algún paréntesis, la actividad pervivió allí hasta la Edad Media, cuando en la zona hoy conocida como “Cerro las Ermitonas” debió haber un intenso movimiento, como demuestra la existencia de restos de tres edificios de carácter religioso en un reducido espacio (una de las ruinas es llamada precisamente “los Sampedros” y otra, “los Sanmartines”).
Y ahora, muchos siglos después, “Las Ermitonas” se presenta ante el viajero como uno de los parajes más esotéricos y, a la vez, fascinantes de la provincia de Segovia. Porque, pisando sus tierras, no es extraño dejar volar la imaginación y creer estar viendo a aquellos pobladores que tuvieron que aceptar la llegada del invasor romano o los que, tiempo después, guerrearon con los musulmanes…
En el siglo XIII, San Miguel de Bernuy ya aparece citado con ese nombre (en 1247 se llamaba Sant Migael de Bernuy, nombre que, salvo pequeños cambios ortográficos propios de las distintas épocas, no ha variado con el tiempo). En esa centuria hubo de levantarse su iglesia parroquial, aunque posteriormente recibiera múltiples añadidos. Ya a finales del XVI, su población era de 27 vecinos, a los que atendía espiritualmente un clérigo.
Según Madoz, a mediados del XIX los vecinos vivían de la agricultura y de dos molinos harineros. Por esta última fecha, el Duratón ofrecía “buenos barbos, cachos, bermejuelas y alguna anguila”. Más recientemente, en la última década de los 50, el pueblo producía “cereales, algarrobas, hortalizas y vino”, criando además ganado vacuno, lanar y de cerda. Hoy en día, la fuerza que ha perdido la agricultura la ha ido progresivamente ganando el turismo, y en los meses cálidos son centenares los visitantes que acuden a San Miguel de Bernuy a realizar en piragua un recorrido por el Duratón, desde el mismo pueblo hasta las inmediaciones de la villa de Fuentidueña. Y es que el embalse de las Vencías está ofreciendo nuevos ingresos a un pueblo que no está dispuesto a desaprovecharlos.
Además de la iglesia de San Miguel existe una ermita a la salida del pueblo, dedicada a Nuestra Señora del Río, y que, según los mayores, fue levantada aprovechando restos de las edificaciones que existieron en el “Cerro de las Ermitonas”. En cuanto a festejos, los principales de San Miguel de Bernuy son los dedicados a San Antonio, en junio, y San Miguel, a finales de septiembre.
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miércoles, 2 de septiembre de 2009
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